En GILMAR creemos que construir no solo consiste en levantar hogares, sino en levantar vidas. Porque cuando se construye con el corazón, también se crean oportunidades, se transforman realidades y se apuesta por las personas.

Por eso, cuando conocimos la historia de Icíar Villalón, una joven universitaria que soñaba con colaborar en proyectos sociales en África, no lo dudamos ni un segundo: queríamos formar parte de su sueño. Su viaje a Kenia nos recordó que la verdadera grandeza está en dar, escuchar y amar sin medida.

Desde niña, Icíar sintió una conexión especial con Kenia. Inspirada por su tía —que también había trabajado como voluntaria en el continente africano— decidió dedicar sus vacaciones a ayudar donde más se necesita. Junto a la Universidad Strathmore y bajo la coordinación de Michael Babu, formó parte de un programa de cooperación internacional que la llevó a distintas comunidades del país. Durante dos meses, participó en proyectos educativos y sociales en Mashuru y Kitale, además de colaborar con orfanatos, prisiones y asociaciones locales. Lo que empezó como una aventura se convirtió en una experiencia que cambió su forma de ver el mundo. “No se trata solo de enseñar, sino de aprender a mirar con empatía”, cuenta Icíar.

En las escuelas de Mashuru, Icíar y otros voluntarios españoles enseñaron distintas materias, pero sobre todo transmitieron valores humanos a través del deporte y la convivencia. Construyeron una nueva aula para un colegio femenino, levantaron baños públicos para la iglesia del pueblo y pintaron una Virgen negra con el Niño Jesús, reflejando los rasgos locales y la espiritualidad de la comunidad. En Kitale, una zona montañosa del oeste del país, colaboró con la asociación Ambasada, dedicada a la educación de niños sin recursos. Allí participó en un campamento de matemáticas donde descubrió algo que nunca olvidará: “En España muchos estudian porque es obligatorio; en Kenia estudian porque sueñan con un futuro mejor.”

Su estancia en Kenia también le permitió conocer la fortaleza y la alegría de quienes, pese a las dificultades, nunca pierden la esperanza. En los orfanatos, los niños le enseñaron que la felicidad no depende de lo que se tiene, sino de compartir lo poco que hay. En la prisión local, se emocionó al ver a los reclusos formándose en carpintería, filosofía o política, decididos a reconstruir sus vidas. Y en los barrios más humildes, como el slum de Ngong, comprendió que el amor es el mayor motor de cambio.
“El amor mueve corazones, llena almas y nunca se olvida”, dice Icíar.

Entre los momentos más impactantes de su viaje estuvo su paso por Mary’s Children, un proyecto que apoya a jóvenes madres víctimas de abusos. Allí conoció historias de dolor, pero también de fe, coraje y renacimiento.
“Ellas me enseñaron que la fe da esperanza y llena el corazón vacío de amor”, recuerda con emoción.

Gracias al apoyo de GILMAR, Icíar pudo llevar a cabo muchos de los objetivos de su misión. Nuestra colaboración permitió comprar materiales, financiar desplazamientos y mejorar las condiciones de escuelas e iglesias locales.
“GILMAR me abrió las puertas a una experiencia que ha cambiado mi vida. Sin su ayuda, este sueño no habría sido posible”, reconoce.


En agradecimiento, los niños pintaron el logotipo de GILMAR en las aulas, como símbolo de un puente entre dos mundos: el de quienes ayudan y el de quienes reciben con gratitud.

En GILMAR creemos que la responsabilidad social no es una acción puntual, sino una forma de entender el mundo. El Proyecto Kenia demuestra que cuando las empresas se implican en causas humanas, el impacto trasciende cifras y resultados: se convierte en esperanza.
“Las empresas no deberían limitarse a las necesidades materiales de sus clientes, sino también ayudar humanamente”, dice Icíar. Y no podemos estar más de acuerdo. Cada gesto cuenta, cada colaboración suma y cada proyecto compartido multiplica su alcance.

De su experiencia en Kenia, Icíar se llevó una lección profunda:
“He aprendido a mirar a los ojos, a escuchar de verdad. En esa mirada se encuentra el alma del otro.”
Una enseñanza que vale para cualquier parte del mundo: no hace falta irse lejos para cambiar vidas. A veces basta con hacerlo con quien tienes al lado: tus compañeros, tus amigos, tu familia.

Icíar planea volver a Kenia en el verano de 2026 para continuar su labor junto a la Universidad Strathmore y las Sisters de la Caridad, ampliando el proyecto a nuevas comunidades como Turkana y Kibera. Y allí estaremos también desde GILMAR, acompañándola en su camino y reafirmando nuestro compromiso con lo que de verdad nos mueve: la solidaridad, el esfuerzo, la fe y el amor.

Porque hay proyectos que no solo construyen edificios. Construyen esperanza, dignidad y futuro.