Catorce años dan para mucho más que una trayectoria profesional: dan para construir una forma de entender el negocio, a las personas y al propio mercado inmobiliario.
En este nuevo GILMAR Inside, hablamos con Alberto Romero, director de la oficina de Mirasierra, que ha recorrido la compañía desde dentro, pasando por distintas oficinas, roles y momentos clave del sector. Una conversación sobre evolución, liderazgo, cultura de equipo y visión de futuro, contada desde la experiencia real y el compromiso con el ADN de GILMAR.
Índice
1. Catorce años dan para mucho. Si miras atrás, ¿cómo resumirías tu evolución profesional en GILMAR desde tus primeros pasos como comercial hasta tu rol actual como director de oficina?
Realmente han pasado muy rápido, pero me ha dado tiempo a saborear y valorar cada etapa. Llegué a GILMAR tras una decisión de cambio de ciclo: sentí que el sector inmobiliario era mi siguiente reto y, desde el primer momento, tuve claro que la compañía líder era —y sigue siendo— GILMAR.
Aterricé como un perfecto desconocido, pero enseguida sentí que había encaje. Hubo química. Desde entonces, además de trabajar mis objetivos personales, me centré en formarme, en entender el sector y en estar siempre disponible para asumir nuevos retos.
He intentado dar lo mejor de mí en cada gestión, aprender de mis compañeros y mantener siempre la ilusión por evolucionar en cada responsabilidad. Todo ello, con un profundo agradecimiento por la confianza recibida desde el inicio por nuestros CEOs, Manuel Marrón y Jesús Gil, y por el apoyo constante de nuestro director general, Héctor Tramullas.
2. Has pasado por distintas oficinas y etapas dentro de la compañía. ¿Qué aprendizajes clave te ha dado esa visión “desde dentro” y cómo influyen hoy en tu forma de liderar el equipo de Mirasierra?
Comencé en ventas en la oficina del Vicente Calderón, pasé después a captación con la apertura de la oficina de Centro, tuve una etapa breve pero decisiva en Viso Chamartín y, más adelante, asumí la dirección comercial de Castellana-Orense. Desde enero de 2023 estoy al frente de Mirasierra.
El paso por captación marcó un antes y un después. Es la relación comercial que más me gusta porque te permite desarrollar todo tu potencial con el cliente. Haber trabajado en ventas, captación y dirección te da una visión muy completa del negocio.
Una conclusión fundamental para mí es que todas las personas del equipo son igual de importantes; lo que cambia son las responsabilidades. Esa experiencia me permite hoy empatizar mejor, comprender a los equipos y guiarles con mayor criterio y cercanía.
3. Después de tantos años en GILMAR, ¿qué valores dirías que se mantienen intactos y forman parte esencial del ADN de la compañía?
Sin duda, el trato familiar. Es uno de los valores que me atrapó desde el primer día y que sigue intacto. Y lo más interesante es que esa esencia convive con una clara apuesta por la innovación y la mejora continua.
Intentamos estar siempre a la vanguardia, incorporar avances y anticiparnos al mercado, pero sin perder nunca el sello de calidad humana que define a GILMAR.
4. Desde tu experiencia, ¿qué hace que GILMAR siga siendo una marca de referencia en un mercado cada vez más competitivo y cambiante?
Los clientes son cada vez más exigentes, y eso nos obliga a evolucionar constantemente. Tras más de 43 años de trabajo bien hecho, crecimiento sostenido y profesionalidad, GILMAR se ha convertido en sinónimo de garantía.
Eso se percibe desde el primer contacto, ya sea en una oficina o a través de cualquier canal. Tenemos muy claro que el futuro pasa por la experiencia del cliente. La cercanía y la profesionalidad de todos los que intervenimos en el proceso generan una tranquilidad clave en momentos de decisión tan importantes como una compra o una venta.
Por muy cambiante que esté el mercado, detrás siempre hay personas.
5. En la gestión de oficinas y equipos, ¿cuáles son hoy los principales retos del negocio inmobiliario y cómo se afrontan desde una estructura como la de GILMAR?
Vivimos una auténtica revolución digital, y en ese contexto el mayor reto es contar con el mejor talento. En primera línea comercial estamos en un proceso natural de renovación, lo que implica reforzar la transmisión de valores, la formación continua y la correcta aplicación de nuestros procesos.
Hoy el liderazgo tiene mucho de acompañamiento y coaching. Mantener el sentimiento de pertenencia es clave para que toda la cadena profesional funcione y para que nuestros equipos puedan superar cualquier reto que plantee el mercado.
6. Has vivido distintos ciclos del mercado. ¿Qué te ha enseñado esa experiencia sobre cómo adaptarse y tomar decisiones en momentos clave?
Como en cualquier sector, aquí también hay ciclos. Actualmente vivimos una etapa marcada por una demanda muy alta y una oferta limitada. En este contexto se necesita más análisis, mayor dedicación, elevar la profesionalidad, ser creativos y, sobre todo, mantener la ilusión.
Nuestra red de oficinas nos permite conocer muy bien los entornos locales y detectar cambios casi en tiempo real. Tener una visión 360º es fundamental para adaptarse con rapidez.
Además, contamos con servicios propios diferenciales —obras, centro hipotecario, legal y fiscal, tasaciones, postventa— que aportan un valor enorme al cliente y refuerzan nuestra propuesta frente a otros competidores.
7. Mirando al futuro, ¿cómo imaginas la evolución del mercado inmobiliario y el papel de GILMAR en ese escenario?
Todo apunta a que la tendencia actual tendrá continuidad, con un crecimiento sostenido mientras no se produzcan cambios externos relevantes. La escasez de inmuebles no se resolverá a corto plazo.
GILMAR tiene suficientes “termómetros” para anticiparse y reaccionar con agilidad ante cualquier cambio. Estoy convencido de que seguirá siendo protagonista del sector, siempre que mantengamos esta dinámica de trabajo y evolución constante.
8. Como director, ¿qué es lo que más te motiva en el día a día y qué te sigue ilusionando después de tantos años en la compañía?
Me motiva ver crecer a mi equipo, su compromiso, su esfuerzo y cómo alcanzan objetivos año tras año. Ese nivel de implicación es lo que nos mantiene arriba.
También me ilusiona ver cómo la empresa sigue avanzando y generando nuevas oportunidades. A nivel personal, sigo trabajando con la misma ilusión por aportar, sumar y afrontar nuevos retos junto a GILMAR.
9. GILMAR Inside también es personal. ¿Hay alguna faceta o anécdota que te apetezca compartir?
Esta es la pregunta más difícil. He pasado por muchas oficinas y he trabajado con personas increíbles en todas ellas.
Si tuviera que compartir algo, diría que en cada cambio de oficina he sentido vértigo, el miedo a no defraudar. Con el tiempo entendí que los cambios son crecimiento: para quien deja espacio y para quien llega a ocuparlo.
A nivel personal, me siento en deuda con mi familia, especialmente con mi mujer, por su apoyo constante. En mis ratos libres intento retomar el golf y salir a caminar por la montaña para oxigenar cuerpo y cabeza.
La trayectoria de Alberto Romero es el reflejo de una forma de entender el crecimiento profesional basada en la constancia, la cercanía y el compromiso con las personas. Una conversación que confirma que el verdadero valor de GILMAR no está solo en su historia, sino en quienes la construyen cada día desde dentro.

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