Escuchar es el primer paso para entender cómo quiere vivir una persona. Para Philip Pérez-Cirera Roy, director de la oficina de El Viso de GILMAR, ese aprendizaje ha marcado su manera de entender la profesión y de acompañar a cada cliente en la búsqueda de su hogar.

Desde sus inicios en Salamanca hasta la dirección de Santo Domingo y su actual etapa al frente de El Viso, su trayectoria ha estado ligada al aprendizaje constante y al apoyo de quienes han compartido el camino con él. En este nuevo GILMAR Inside, hablamos sobre el valor de un equipo unido, las distintas formas de vivir Madrid y un concepto del lujo que Philip resume con claridad: que tu casa mejore tu vida.

Has trabajado en las oficinas de Salamanca y El Viso. ¿Qué te ha aportado cada etapa y cómo han influido en tu forma de entender la profesión?

Para mí, la etapa de Salamanca fue todo un proceso de aprendizaje. Allí entendí de verdad lo exigente que es este negocio y todo lo que hay detrás de cada operación. Es una profesión en la que aprendes constantemente y en la que cada llamada, cada visita, cada «ofertita» y cada cierre te enseñan algo nuevo y te ayudan a afinar un poco más.

Entendí la importancia de contar con el apoyo de un director que te guíe día a día durante todo el proceso y que sepa exigirte y sacar lo mejor de ti con paciencia y comprensión. Así fue como Jesús S. Botas me acompañó durante todo ese proceso y, con su ejemplo y sus consejos, los resultados fueron llegando. Poder aprender de alguien con su experiencia y estar rodeado de compañeros con tanta calidad humana y tanto conocimiento te da la oportunidad de crecer y, sobre todo, de tener ejemplos muy altos a los que aspirar.

Al final, creo que esa etapa me enseñó que en este negocio nunca dejas de aprender y que, además de contar con los apoyos adecuados y tener como referentes a grandes personas y profesionales, lo más importante es saber escuchar y hacer las preguntas adecuadas en el momento oportuno. La frase «ronco de escuchar» la llevo grabada, porque solo entendiendo de verdad qué busca cada cliente, cuáles son sus necesidades y qué es lo que realmente le importa podemos ayudarle a encontrar el hogar que mejor se adapte a él y a su familia. Al final, no se trata solo de vender una casa, sino de encontrar el hogar adecuado para cada persona.

Hoy diriges la oficina de El Viso. ¿Qué supuso para ti asumir esta responsabilidad y qué es lo que más disfrutas de liderar a tu equipo?

Lo primero que sentí cuando me lo propusieron fue gratitud y una ilusión enorme al ver cómo la empresa y, sobre todo, Jesús y Manolo depositaban su confianza en mí para un reto de ese nivel. Tengo que reconocer que, acto seguido, la sensación fue de un tremendo sentimiento de respeto y responsabilidad por lo que suponía.

Venía de dirigir la oficina de Santo Domingo, donde habíamos construido un proyecto de equipo muy bonito y conseguido grandes resultados. Llegar a Viso-Chamartín suponía dar un gran salto, con un equipo más grande y cogiendo el testigo de Héctor Tramullas, que había dejado una huella imborrable, tanto humana como profesional. Aprovecho para agradecerle todo lo que me ha ayudado y su apoyo constante, incluso afrontando él un gran reto en su nueva posición.

Creo que una de las claves de una oficina es conseguir un equipo unido, equilibrado y con un proyecto común. Y si algo diferencia a GILMAR del resto es, precisamente, su calidad humana y el empeño que ponemos en cuidar de las personas que forman parte de esta gran familia.

Lo que más disfruto es ver crecer a las personas, compartir la ilusión de las operaciones que salen adelante y ayudar a resolver los retos del día a día. Creo mucho en el ejemplo, en la confianza y en estar cerca del equipo, creando un entorno en el que cada persona se sienta respaldada y sepa que tiene a sus compañeros y a su director a su lado, las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Porque los resultados son importantes, pero cuando tienes un equipo unido, que confía en los demás y se siente cuidado, es mucho más fácil conseguirlos y, sobre todo, disfrutar del camino.

Salamanca y El Viso representan dos formas distintas de vivir Madrid. Desde tu experiencia en ambos barrios, ¿qué busca el cliente en cada uno y cómo cambia vuestra manera de asesorarle?

Salamanca y El Viso están en el top 5 de los barrios más exclusivos de España. En ambos, el nivel y la calidad de vida son muy altos, pero tienen personalidades muy diferentes.

En Salamanca, muchos clientes buscan la energía de Madrid, la arquitectura, los edificios clásicos, las tiendas, la gastronomía y la posibilidad de tenerlo todo a pocos pasos. Es un estilo de vida más urbano, donde la ubicación y el carácter de la vivienda suelen tener un protagonismo especial.

En El Viso y Chamartín, sin embargo, encontramos una búsqueda muy marcada de tranquilidad, privacidad, espacio y sensación de hogar. Es curioso cómo, estando en pleno Madrid, puedes sentir que bajas el ritmo y encuentras tu propio refugio.

El perfil de cliente en ambos casos es un cliente muy exigente, normalmente con experiencia en la compraventa de inmuebles y con un conocimiento del mercado importante. En el barrio de Salamanca encontramos un gran número de clientes extranjeros e inversores; sin embargo, en la zona de Viso-Chamartín suelen ser familias españolas que han crecido en el barrio o buscan estar cerca de la gran oferta de colegios que hay en la zona, así como espacios exteriores, jardín o zonas comunes.

Por eso, nuestra forma de asesorar también cambia. En Salamanca, quizá el foco esté más en cómo se vive el barrio y todo lo que ofrece; en El Viso, cobra especial importancia entender cómo quiere vivir el cliente dentro de su casa. En ambos casos, el objetivo es el mismo: no vender una propiedad por sus características, sino ayudar a encontrar la que mejor encaja con cada persona o familia.

En alguna ocasión has explicado que el lujo tiene cada vez más que ver con la calidad de vida. ¿Cómo se traduce esa idea cuando ayudas a alguien a encontrar su hogar en El Viso?

Creo que el concepto de lujo ha evolucionado mucho. Antes se valoraban mucho las grandes superficies, las muchas habitaciones, los materiales nobles y las direcciones prestigiosas. Hoy valoramos más que nunca los espacios abiertos, la luz natural, los jardines y las terrazas, pero, sobre todo, la tranquilidad, la privacidad y la posibilidad de disfrutar de nuestro espacio sin renunciar a estar conectados con la ciudad.

En nuestra zona, esa idea se entiende especialmente bien. El lujo no está únicamente en los metros cuadrados, los materiales o la arquitectura, sino en poder desayunar tranquilamente en tu jardín, poder darte un baño en la piscina al volver del trabajo, disfrutar de la luz natural, tener intimidad o llegar a casa y sentir que desconectas del ritmo diario. Todo eso sin distanciarte mucho de tu oficina o del colegio de los niños.

Cuando asesoramos a un cliente, intentamos entender qué significa para él vivir bien. Porque el lujo es algo muy personal: para unos será tener un jardín; para otros, una casa llena de luz, espacio para su familia o simplemente poder ir andando a la oficina o al colegio de los niños.

Al final, creo que el verdadero lujo es que tu casa mejore tu vida.

Quienes te conocen destacan que tienes «ADN GILMAR». ¿En qué gestos del día a día reconoces su esencia?

Para mí, tener ADN GILMAR va mucho más allá de representar con orgullo una marca o compartir los valores de una empresa. Es llevar dentro todo lo que se ha construido desde que este proyecto nació, hace ya más de 40 años, con muchísimo cariño, ilusión y una forma muy concreta de entender este negocio.

A lo largo de todos estos años se han ido sumando experiencias, aprendizajes, personas y maneras de hacer las cosas que han ido dando forma a lo que hoy es GILMAR. Quienes nos hemos incorporado después hemos tenido la suerte de heredar todo ese legado, hacerlo nuestro e integrarlo no solo en nuestra forma de entender la profesión, sino también en nuestro día a día.

Y creo que es precisamente ahí donde se reconoce ese ADN: en cómo tratamos a un cliente, en el compromiso con lo que hacemos, en la forma de cuidar a los compañeros, en cómo afrontamos las dificultades y en las ganas de hacer las cosas bien, incluso cuando nadie nos está mirando.

Al final, cada uno aporta su personalidad y su manera de trabajar, pero todos compartimos una misma base, construida durante muchos años por muchísimas personas. Para mí, tener ADN GILMAR es sentirte parte de esa historia, valorar dónde estás y tener la responsabilidad y la ilusión de seguir aportando para que ese legado continúe creciendo.

En este trabajo acompañáis a las personas en decisiones importantes. ¿Recuerdas alguna operación o historia con un cliente que te haya marcado especialmente?

Hay operaciones que recuerdas por la dificultad del proceso, otras por el resultado y algunas, especialmente, por las personas que hay detrás.

Una de las cosas más bonitas de esta profesión es cuando un cliente llega con muchas dudas, con una situación complicada o sin tener del todo claro qué necesita y, después de acompañarle durante el proceso, le ves salir de la notaría feliz, ya sea por haber vendido o comprado. Y más aún cuando vuelves a hablar con ellos tiempo después y te lo siguen agradeciendo y te recomiendan a sus familiares y conocidos. No hay mejor agradecimiento que una recomendación sincera.

Por dar un ejemplo concreto, recuerdo que, en un SIMA, se me acercó un señor bastante perdido y un poco desesperado, con una situación personal de esas que te cortan el cuerpo. Tenía que cuidar y mantener a su mujer y a sus dos hijos. Ella tenía un problema de salud degenerativo debido a un error médico y estaba en silla de ruedas. Vivían en un piso de alquiler que no estaba adaptado y, con muchas dificultades, conseguían entrar y salir de él con la silla. Tenían un presupuesto ajustado que venía de la indemnización que había recibido ella, por lo que los fondos estaban judicializados, lo cual no facilitaba las cosas.

Les atendió con mucho cariño Aurora López, que se lo tomó como un reto personal y, después de muchas casas y muchos kilómetros, dio con su casa en Brunete. Una casa en una planta, con jardín, sin escaleras y perfecta para su mujer y sus hijos. Con la ayuda de Ani Granell y mucha paciencia por parte de los vendedores, conseguimos que pudieran comprar la casa, en la que viven felices a día de hoy.

Son esas experiencias las que te recuerdan que no trabajamos simplemente con viviendas. Trabajamos con ilusiones, proyectos de vida y decisiones que, en muchos casos, marcan un antes y un después para las personas. Y eso le da un sentido muy especial a nuestro trabajo. Como diría nuestro querido Estaban Caso: «Esto es GILMAR».

El deporte ocupa un lugar importante en tu vida. ¿Qué disciplinas practicas y qué aprendizajes del deporte llevas también a tu trabajo, por ejemplo, en tu forma de afrontar retos o situaciones de estrés?

El deporte siempre ha sido una parte importante de mi vida. Me ayuda a desconectar y a mantener el equilibrio. Creo que te enseña muchas cosas que luego aplicas al trabajo, como la constancia, la disciplina y, sobre todo, a gestionar la frustración cuando las cosas no salen como esperabas.

En nuestro negocio hay momentos de mucha presión y situaciones que se complican, y el deporte ayuda a relativizar, mantener la cabeza fría y entender que no siempre se puede controlar el resultado, pero sí la actitud y el esfuerzo que pones para conseguirlo.

Fuera de la oficina y del deporte, ¿qué te ayuda a desconectar? Cuéntanos alguna afición o faceta tuya que quizá tus compañeros todavía no conozcan.

Cuando haces lo que te gusta no quieres desconectar, pero, fuera de la oficina y del deporte, intento dedicar tiempo a aquello que me dé paz y tranquilidad, sobre todo a pasar tiempo con mi hija, con la familia y los amigos.

Y, si tuviera que compartir una faceta menos conocida de mí, diría que me encanta la historia y colecciono monedas antiguas. Aunque últimamente no le dedico mucho tiempo, me relaja mucho investigar sobre la historia de cada una de ellas y lo que pasaba en el mundo cuando aún circulaban.

Mirando hacia adelante, ¿qué te ilusiona de esta etapa al frente de El Viso?

Me ilusiona mucho seguir haciendo crecer el proyecto de Viso-Chamartín, consolidar un equipo del que seguir sintiéndonos orgullosos y mantener el nivel de exigencia y cercanía que nuestros clientes esperan de nosotros.

Quiero que la oficina siga siendo un referente, no solo por el conocimiento del mercado o por los resultados, sino también por la forma en la que trabajamos y por la confianza que somos capaces de generar.

A nivel personal, también afronto esta etapa con muchas ganas de seguir aprendiendo. Creo que dirigir un equipo te obliga a evolucionar constantemente, a escuchar, a tomar decisiones y a entender que siempre hay margen para hacer las cosas mejor.

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