Este mes, en GILMAR Inside, damos voz a una de las personas que mejor representan la esencia de nuestra compañía: Laura Crespo, directora de Recursos Humanos y parte fundamental de la familia GILMAR desde hace casi tres décadas. Su trayectoria es la prueba viva de que aquí no solo construimos hogares: construimos carreras, valores y vínculos que duran toda una vida.


Hoy conocemos su historia, sus aprendizajes y cómo se vive GILMAR desde dentro cuando llevas 28 años ayudando a que las personas crezcan.

¿Cuánto tiempo llevas en GILMAR? ¿Cómo fueron tus inicios y qué recuerdas de aquellos primeros días?

Casi 28 años ya. Empecé como captadora de inmuebles en la delegación de Barrio Salamanca. Tenía 25 años, no sabía nada del sector inmobiliario y fue un reto enorme. Pero tuve la suerte de estar rodeada de profesionales increíbles, de los que aprendí no solo el negocio, sino lo que significa formar parte de un equipo basado en el respeto, la confianza, la responsabilidad y la integridad.

Has desarrollado toda tu carrera profesional en GILMAR. ¿Qué ha significado para ti crecer personal y profesionalmente aquí?

Muchísimo. Mi crecimiento profesional ha ido siempre en paralelo a mi vida personal. Aquí nacieron mis dos hijos y aquí trabajan muchos de mis mejores amigos. GILMAR ha sido, en todos los sentidos, mi casa.

¿Hay algún momento o etapa que recuerdes con especial cariño?

Muchos. Guardo un recuerdo especial de mis primeros años en Barrio Salamanca, donde aprendí y me divertí muchísimo; también mis primeros años en la central, coordinando eventos y empezando a seleccionar personal. Y, sin duda, la etapa de la pandemia, donde nos unimos como una piña para seguir adelante juntos.

Como directora de Recursos Humanos, ¿qué es lo que más valoras de la cultura interna de GILMAR?

Valoro que todas nuestras delegaciones son propias y eso nos permite vivir la misma cultura en todas partes. Somos una familia para lo bueno y lo malo: compartimos una filosofía común y un compromiso real por hacer crecer la marca y ser un referente en el sector.

¿Cómo definirías el estilo de trabajo y la filosofía de la compañía desde dentro?

A pesar de ser más de 400 profesionales, nuestro estilo de trabajo no es individualista. Trabajamos con sinergias entre delegaciones, con una filosofía consolidada durante más de cuatro décadas: profesionalidad, cercanía y excelencia en el servicio. En un sector tan competitivo, nuestra historia demuestra que hacer las cosas con rigor, ética y compromiso genera resultados… y prestigio.

¿Qué diferencia a GILMAR en la forma de trabajar con las personas, dentro y fuera de la empresa?

Que aquí nadie es un número. Cada persona tiene ambiciones, retos y objetivos, y tratamos de acompañarla y apoyarla tanto profesional como personalmente.
Además, en un sector con altísima rotación, GILMAR destaca por la permanencia de sus equipos. Muchos comerciales han desarrollado toda su carrera aquí, lo que se traduce en un profundo conocimiento del mercado, del producto y del cliente, y en relaciones basadas en la confianza.

¿Qué cualidades debe tener un buen profesional inmobiliario, más allá del conocimiento técnico?

La formación técnica es esencial y la fomentamos mucho. Pero igual de importantes son la empatía, la constancia, la capacidad para calificar bien y el esfuerzo incansable. Estas cualidades marcan la diferencia.

¿Cómo ves el futuro de GILMAR y su equipo humano?

La trayectoria de GILMAR siempre ha sido ascendente durante más de 40 años, incluso en periodos de crisis. Gracias al apoyo de nuestros consejeros delegados, Manuel Marrón y Jesús Gil, hemos sabido adaptarnos con esfuerzo y comunicación.
Este año abrimos una nueva oficina en Benalmádena, pronto inauguraremos otra en Costa Adeje (Tenerife) y el año que viene continuaremos expandiéndonos hacia la zona de Alicante.

Cuéntanos alguna anécdota entrañable o divertida de todos estos años.

¡Tengo para escribir un libro! Una que recuerdo con mucho cariño fue cuando le regalamos una vaca a nuestro CEO, Manuel Marrón, y se la llevamos al restaurante Don Pelayo. A día de hoy, sigue pastando feliz en los montes asturianos…

¿Qué te gusta hacer fuera del trabajo para desconectar?

Cocinar me encanta y me relaja muchísimo. Y viajar con mi familia es mi mayor capricho cuando puedo escaparme.

Si tuvieses que describir GILMAR en una frase después de tantos años, ¿cuál sería?

Con una palabra basta: Familia.

¿Qué consejo le darías a alguien que entra hoy a trabajar en la compañía?

Que entienda que GILMAR no es un trabajo… es una forma de vida.

La historia de Laura Crespo es la de alguien que ha crecido, ha aprendido y ha acompañado a cientos de profesionales en su desarrollo dentro de la compañía. Su visión, su implicación y su sensibilidad con las personas son parte esencial de lo que hace único a GILMAR.
En cada respuesta nos recuerda que nuestro mayor valor siempre ha sido, y seguirá siendo, nuestro equipo humano.

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